viernes, 8 de agosto de 2014

Amé cada día del profesorado, pero necesito tiempo para leer poesía, para escribir poesía, para corregir, para difundir la poesía de los poetas que considero imprescindibles. Fue un semestre intenso, donde me exigí más de la cuenta. Aprendí tanto que es difícil contarlo. Pero sentí que me faltaba tiempo para leer lo que necesito leer. Se produjo en mí una rebeldía que no supe manejar: lo que debía leer me impedía leer lo que quería leer más allá de lo hermoso que era lo que debía leer. Por eso decidí no continuar con el profesorado de Lengua y Literatura. Lo intenté, me encantó, pero no puedo con todo. Hoy  me regalé dos libros, porque me angustia seguir y me angustia dejar. La poesía vuelve a calmarme. Nadie me conoce mejor que ella.


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